‘¡Quiero ser un viejo verde!’

Uno de nuestros finalistas del Bayer Encuentro Juvenil Ambiental, Martin Camilo Pérez nos cuenta cómo fue su experiencia en nuestra convocatoria y cómo se fueron abriendo las puertas después de ello. 

Martín Camilo

En las aulas de la Universidad Distrital, en ese entonces un combo de amigos permeados por las teorías impartidas en las clases y un poco ansiosos de futuro nos animamos a asumir un compromiso con lo que aprendíamos,  con ínfula extraña, pese a que por esas épocas capábamos clase y no faltaban algunas cervecitas, nos lanzábamos a la calle a discutir inocente y apasionadamente sobre lo visto en clase, pasando rápidamente de tema en tema mientras caminábamos por el centro de Bogotá, siempre surgían inquietudes y proyectos verdes, algunos muy académicos y otros que solo mataban el tiempo, afortunadamente siempre lograban darnos una buena sed, así se convertían en una excusa para día a día compartir más entre amigos.

Fue en ese discurrir de ideas y proyectos por el que apareció cierta información con la que podíamos participar en un concurso e ir a Alemania, llego como esas cosas raras que inmediatamente ilusionan, casi como si uno se enamorara de una esbelta morena.

Esta convocatoria nos sedujo a todos y nos sentamos a escribir formalmente lo mejor de las ideas que desprevenidamente teníamos, elegimos a un representante y en 2008 participamos en el Bayer Encuentro Juvenil Ambiental (BEJA), hasta llegar a un honroso tercer lugar, que si bien no nos permitió conocer el país de Edvard Munch, abrió las puertas y las mentes, además de enseñarle a creer a siete jóvenes  (Alma, María, David, Fernando, Roy, Julián y Martin ) que con una idea acompañada como decía Gaitan: con ese fuego interno sin el cual las palabras no tienen sentido”, logramos plasmarla, presentarla, creernos el cuento y más importante aún hacer que otros también creyeran, fue así que terminamos participando en espacios para visualizar problemáticas ambientales, en nuestro caso específico sobre los bosques; sí, aún me sonrojo al recordar que salimos en noticias, radio y periódicos.

Nuestro representante Julián, nos contó con detalle el proceso que vivió con Bayer, con alegría y sencillez, sobre las personas que conoció; terminamos un día bailando con algunos de ellos y como también certeros y alegres hablaban de lo bueno de participar, no de ganar, solo de vivirse el proceso, decidí aventurarme esta vez solo para las convocatorias del 2009, transcurrió el concurso por segunda vez en mi vida y tampoco conocí Alemania, pero si unos buenos sujetos que cada uno a su manera creían en hacer algo, no muy bien qué, pero si apasionadamente algo por cambiar las relaciones entre las sociedades y el medio ambiente que habitan, para una convivencia sostenible en paz.

Los participantes del Ecocampamento congeniamos al punto de intentar crear una ONG con los demás compañeros, que nunca superó unas tres tertulias porque creo que no estábamos lo suficientemente verdes, luego de esto no nos hablamos durante dos años y medio.

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Cada uno tomó caminos diferentes, recuerdo a Viviana con su linda sonrisa que se dedicó a la educación ambiental y creo su propia marca de anchetas llena de productos sostenibles; Felipe continuo su carrera de administración ambiental y se volvió un duro en temas de huella de carbono  y Ramiro cada vez se convencía más que como ingeniero químico es un excelente publicista y relacionista público, por mi parte seguía compartiendo con los seis de la universidad, bailando, tomando, estudiando, aprendiendo y soñando, pero soñando propositivamente, continúe presentándome a cuanta convocatoria veía y en algunas ganaba; termine becado en una escuela de liderazgo (Origen) y representando a Colombia en un programa Británico (Climate Champion 2011), bueno, y claro me gradué.

Aunque seguía viviendo mis espacios familiares, bohemios y hasta me enamoré, el centro de mi vida se había vuelto el lograr ser un ¡VIEJO VERDE!, uno de esos que solo piensan en qué hacer para sembrar una semilla en la tierra, la mente o en el corazón, para que no tumben árboles o para que los tumben con el suficiente homenaje, para que otros piensen y quieran ser uno de esos veteranos que le gusta botar el chicle al pavimento porque así se reduce más rápido, de los que quiere sembrar mil árboles, luego escribir sobre esos árboles para poder, solo así, darle hogar a sus hijos.

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Mientras día a día intentaba ser más verde, re aparecieron en la escena Ramiro y Felipe,   con la con la idea de crear una institución que canalizara no solo nuestro conocimiento si no también nuestros sueños y como rara vez cuadran las cosas en la vida teníamos los componentes que necesitábamos: un director de proyectos; alguien que se la pasara creando oportunidades de retribución ambiental financieramente posibles, también un director comercial; ese que se relacionara con aliados estratégicos y creara una imagen confiable de nuestra organización, y un administrador quien nos asesorara en los manejos contables y creara un esquema organizacional. Con estos elementos creamos una sociedad por acciones simplificada: RED TREE, y arrancamos a trabajar bajo este esquema.

Así, hoy en día, mi vida transcurre entre asesorar al Ministerio de Ambiente en temas forestales, terminar una maestría en Uso Manejo y Conservación del Bosque y hacer con mis socios de RED TREE un sueño cada vez más real, ya que a un año de su creación orgullosamente podemos ver algunos resultados: ya sembró sus primeros mil árboles, trabaja en educación ambiental con niños en situaciones de vulnerabilidad, compensó emisiones de carbono, ya cuantificó su primera huella de carbono, ya nació y está creciendo rápidamente montando proyectos productivos sostenibles, y al mirar atrás y querer identificar uno de esos puntos en los que todo cambia, en donde la vida cobra sentido, tengo que reconocer que fue el Bayer Encuentro Juvenil Ambiental, fueron mis buenos amigos, una buena compañera y los buenos maestros los que entre 2008 y 2010, me enseñaron a soñar. GRACIAS  a todos por custodiar este camino hacia la vejez biche y gracias anticipadas a los que a estos anhelos se quieran unir. 

Si como Julián tienes una idea verde que quieres materializar, inscríbela en el Bayer Encuentro Juvenil Ambietal

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